lunes, 13 de febrero de 2023

Diles que no me premien


  26 de Octubre de 2016  


Poetas a su arbitrio deberían imponerse siempre imágenes muy acabadas. Mas incluso muchos incuban versos insulsos, obscuros ripios anodinos so infamia, sin embargo profanos alaban sus adefesios. Dejando umbríos rapsodas insignes sin investilles merecimientos ostensibles.

Fray M. Pereval (S. XVII)

 

Nunca se lo dieron a Pío Baroja. Ni a Azorín ni a Ramón del Valle Inclán ni a Miguel de Unamuno ni a Ramiro de Maeztu ni a Jorge Guillén. Ni a Federico. Ni a León Felipe ni a Antonio Machado ni a Manuel Machado ni a Pedro Garfias ni a Rafael Alberti. Ni a Miguel Hernández ni Jorge Semprún.

Ni a Blas de Otero ni a Gabriel Celaya. No se lo dieron ni a Vicente Blasco Ibáñez ni a Jacinto Benavente. Ni a Pérez Galdós.

Ni a Juan ni a Luis Goytisolo ni a Javier Cercas de Salamina. Ni a León Tolstoi ni a Anna Akhmatova ni a Maiakovski ni a Serguei Esenin ni a Bulgakov ni a Evgueny Evstushenko ni a Chejov ni a Gorki. No se lo dieron a Ilf y tampoco a Petrov.

Ni a Marcel Proust ni a Marguerite Duras ni a Colette ni a Simone de Beauvoir ni a André Breton ni a Tristan Tzara ni a Jean Genet ni a André Pieyre de Mandiargues ni a André Maurois ni a Malraux ni a Blaise Cendrars ni a Émile Zola ni a Alfred Jarry ni a Artaud ni a Antoine de Saint Exupéry. No se lo dieron a Alain Robbe-Grillet ni a Robert Desnos ni a Albert Cohen ni a Georges Bernanos ni a Jacques Prévert ni a Louis Aragon ni a Paul Eluard ni a Jean Cocteau, ni siquiera a Marguerite Yourcenar.

No se lo concedieron a Graham Green ni a Allan Sillitoe ni a A. J. Cronin ni a Edward Albee. Ni a Dylan Thomas ni a Lawrence Durrell ni a Salman Rushdie. ¿Y cómo se lo van a dar a Morris West, si no se lo dieron ni a James Joyce?

Ni a Bertold Brecht ni a Stefan Zweig ni a Robert Musil ni a Rainer Maria Rilke ni a Joseph Roth ni a Peter Handke. Y, por supuesto, no a Franz Kafka ni a Paul Celan ni a Konstantinos Kavafis ni a Arthur Koestler. Ni por nórdicos a Strindberg o a Stieg Larsson o a Elvi Sinervo o a Joseph Conrad o a Jaroslaw Iwaszkiewicz. Y ni hablar que se lo dieran a Léopold Sédar Senghor, a Gibran Khalil Gibran o a Yukio Mishima. Pinches exóticos raros.

Jamás se lo dieron a Alberto Moravia ni a Cesare Pavese ni a Italo Calvino. Bien occidentales ellos. Ni a Curzio Malaparte ni a Gabriele d’Annunzio ni a Dino Buzzati ni a Giuseppe Tomasi de Lampedusa ni a Pier Paolo Pasolini ni a Alessandro Baricco. Y, de paso, tampoco a Fernando Pessoa ni a António Agostinho Neto. Ni a Kundera.

En ese plan, ¿qué podían reclamar los rumanos Ionescu, Marin Preda, Marin Sorescu, Panaït Istrati, Lucian Blaga, Mihail Sadoveanu, Camil Petrescu, Liviu Rebreanu, Tudor Arghezi, Mircea Eliade, Emil Cioran? Calladitos se ven más bonitos.

¿Y los catalanes? Usted dígame. Que escriban en español y se dejen de pendejadas. Nadie sabe quiénes son Josep Carner, Mercé Rodoreda, Salvador Espriu, Joan Salvat-Papasseit, Màrius Torres, Joan Vinyoli, Maria Mercè Marçal, Miquel Martí i Pol, Fèlix Cucurull, Víctor Català, Carles Riba, J.V. Foix, Josep Pla.

Ya puestos a no otorgar, se llevaron entre las patas a Mark Twain. No le dieron ni las gracias. Ni a Gertrude Stein ni a Robert Frost. Ni a Jack Kerouac ni a John D. Salinger ni a John Dos Passos ni a ninguno de los dos Miller, ni a Arthur ni a Henry, ni a William S. Burroughs ni a Allen Gingsberg ni a Kurt Vonnegut ni a Truman Capote ni a F. Scott Fitzgerald ni a Henry James ni a Tennessee Williams ni a Charles Bukowski ni a Jack London.

Y que ni vayan a pensar Norman Mailer, Vladimir Nabokov, John Kennedy Toole, Paul Bowles, H.P. Lovecraft, Ray Bradbury y Sylvia Plath, que a ellos sí les va a tocar algo. Ni sus luces.

Ignoraron del todo a Rubén Darío y también a José Eustasio Rivera y a Rómulo Gallegos. A Alejo Carpentier y a José Lezama Lima. A Nicolás Guillén.

No se lo dieron a Vicente Huidobro ni a Bioy Casares ni a Horacio Quiroga. No supieron de César Vallejo ni de Ciro Alegría ni de Nicanor Parra ni de Juan Gelman ni de Gonzalo Rojas ni de Ernesto Sabato o Roberto Bolaño.

Tuvieron, no sé si la osadía, la prepotencia o la estulticia, de no dárselo a Jorge Luis Borges ni a Mario Benedetti ni a Julio Cortázar. No se lo dieron a Joâo Guimarâes Rosa ni a Jorge Amado ni a Carlos Drummond de Andrade.

Dejaron de dárselo a Augusto Monterroso y a Álvaro Mutis, a Rosario Castellanos, a Jaime Sabines, a Ricardo Pozas, a Juan García Ponce, a Martín Luis Guzmán, a Ramón López Velarde, a José Gorostiza, a Carlos Pellicer, a Elena Garro, a Gilberto Owen, a Jorge Cuesta, a Óscar Liera, a Inés Arredondo, a Mariano Azuela, a B. Traven, a Juan José Arreola, a Francisco Rojas González, a Juan Bañuelos, a Jorge Ibargüengoitia, a Jorge Brash, a Efraín Huerta, a David Huerta, a José Carlos Becerra, a Emilio Carballido. No se lo dieron, sobre todo, a Sergio Pitol, a Fernando del Paso ni a José Emilio Pacheco.

Y dejaron de dárselo a Juan Rulfo.

¿Entonces por qué chingada madre se lo dieron a Bob Dylan?


Marcelino Perelló

No hay comentarios:

Publicar un comentario