lunes, 6 de febrero de 2023

Polvo de aquellos lodos


  22 de Noviembre de 2016  


Herencia que las prisas y la demagogia no permitieron sanear, sino simplemente recubrir con una capa de tierras y arcillas que no tardarán en rezumar el inmundo tesoro de sus entrañas. Así pues, fue en tal dudoso entorno que la SEP tuvo a bien organizar su anual Feria del Libro Infantil. Y fue el propio secretario el que en la ceremonia de inauguración se dirigió a los niños presentes, invitándolos a adquirir el sano hábito de la lectura.

Digo al comienzo que él fue el protagonista de la escena que ahí se produjo, y tal vez me equivoque. La auténtica protagonista fue una niña de diez u once años, Andrea Lomelí, que se encontraba en el estrado junto al funcionario y que aprovechó el momento en el que éste la saludó para amonestarlo e informarle que “no se dice ‘ler’ sino ‘le-er’”, según la transcripción escrita que circula en la prensa y en las redes.

El lance no tendría mayor trascendencia si no hubiera sido utilizado ad nauseam por aquellos, que son muchos, que han encontrado en la difamación del actual gobierno federal su hobby —por llamarlo de alguna manera— preferido.

En el video del acto no queda clara la pronunciación de Nuño. Ciertamente no enfatiza el hiato entre las dos vocales, pero a nadie, salvo a la puntillosa Andrea, le hubiera llamado la atención. Es un recurso prosódico común no sólo en México, de la misma manera que solemos pronunciar “cordinador” en lugar de la normativa “co-ordinador”, o “alcol” en lugar de la pretenciosa y me temo en franca vía de extinción “alcohol”. En cualquier caso, no tiene la menor importancia. Es decir, no tiene ninguna importancia gramatical o fonética. Pero la tuvo, la tiene, y de qué manera, política. Se la dieron los proverbiales defenestradores de oficio que menciono más arriba.

El mensaje es el siguiente: “El secretario de Educación no pronuncia bien”, es decir, “no habla correctamente”, es decir, “es inculto”, es decir, “el gobierno está integrado por iletrados”, es decir, “Peña Nieto es un ignorante”, es decir, “debe renunciar”. Silogismos impecables.

El incidente, sin ningún atenuante, es ridículo. El incidente y el inverosímil escándalo que le siguió. El verdadero escándalo está en ese caricaturesco escándalo.

La culpa de tal ridículo no recae en absoluto en la aventada Andrea, que no pasa de ser una pequeña pedante y maleducada. La responsabilidad y el ridículo son íntegramente de quienes instrumentalizan tal anécdota.

Me gustaría decir que “intentan instrumentalizar”, que la maniobra no tuvo ni tendrá éxito. Pero, ay, me temo que sí lo tuvo y lo sigue teniendo. Y que la cantidad de buenos ciudadanos a los que la burda burla convence es grande.

De la misma manera que otra bufonada similar también “pegó”. La de que Enrique Peña habría “plagiado” su tesis de licenciatura. Que yo sepa, nadie ha dicho hasta ahora lo obvio: Sólo se puede hablar de plagio en un texto que se publica. Y evidentemente no es el caso de una tesis de grado. Se trata únicamente de un trabajo escolar necesario para presentar el examen profesional.

Y es común que en los exámenes los estudiantes “copien”, y que en los trabajos “se fusilen” fragmentos más o menos extensos. Ni una ni otra estratagema constituyen plagios, los cuales están penados por la Ley de Derechos de Autor. En el ámbito escolar, si el maestro te cacha, te reprueba y ya.

Yo mismo he copiado en exámenes y me he fusilado textos. De hecho no recuerdo a nadie que no lo haya hecho, excepto, tal vez, nuestra diligente Andrea. Tanto en mi tesis de licenciatura como en la de maestría, “recurrí a las fuentes” con el conocimiento, consentimiento y consejo de mis sendos directores de tesis. Y me temo sin haberlas documentado con citas. Ello habiendo sido asentado, parece indiscutible que la responsabilidad última de que las cosas hayan descendido hasta tan lamentable y grotesco nivel, no es tanto de los enemigos del régimen, por mañosos que sean, sino del propio gobierno que ha sido incapaz de maniobrar y de contrarrestar tales marrullerías.

Si estas sandeces ñoñas hacen vía hoy, es porque las calumnias serias, aquellas en las que corrió sangre, no fueron desmontadas en su momento. Y no se acaba de entender el motivo. Ahí siguen vigentes asuntos gravísimos como Ayotzinapa o Tlatlaya, o la provocación interminable de los veintidoses, ante lo que aparece no sé si como inoperancia o incompetencia del Ejecutivo. Si aquellas patrañas hubieran sido resueltas y exhibidas a tiempo, las actuales mascaradas no irían a ningún lado. 

Podían incluso negar con hechos ese lacerante agravio nunca aclarado, quitando un elemento nada anodino de aquella verdadera andanada lejanamente emprendida. Merece interés ventilar insidias, sólo entonces podrán apaciguar las olas.

Se dejó crecer la corriente de desautorización y desprestigio de los gobernantes y hoy se ha convertido en un auténtico torrente alimentado por mamadas insostenibles. Polvo de aquellos lodos.


Marcelino Perelló


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