domingo, 25 de octubre de 2015

Armando Ramírez y su influjo tepiteño

Uno de los probemas al querer escribir es la proyección personal abaratada de nuestras experiencias individuales. La literatura no se hizo para vertir en ella nuestros sentimientos al desnudo sin ninguna correción, sin reflexión; cuando esto sucede, estamos hablando de superación personal sin ningún valor artístico.

Así, no basta escribir nuestras andadas por la vida, se necesita algo más, saber hacerlo, saber escribir. Existen muchos hombres, poco inteligentes, que han tenido experiencias formidables, o que han crecido en ambientes culturales extremadamente ricos; sin embargo, no son capaces de plasmar esas experiencias en obras literarias. Existen otros hombres que sí logran rescatar su cultura y plasmarla en verdaderas obras que valen la pena.




Uno de esos hombres que logra plasmar el ambiente y la cosmovisión de un barrio marginal de la Ciudad de México es Armando Ramírez. con su maestría logra universalizar un barrio común como lo es tepito, pero a la vez cualquier otro que se encuentre en la periferia de la Ciudad de México y es que sin más hay que reconocerle a Armando Ramírez su excelente prosa que logra atrapar al lector a través de su muy conciente estilo con faltas ortográficas como en Chin chin el teporocho o quinceañera. Y es que pese a que no tiene formación académica o literaria o quizá gracias a ello, Armando Ramírez es un escritor universal no así uno regional.


Al leer sus obras uno se da cuenta que en primera instancia es un gran lector; su lenguaje barrial provoca en el lector un enganche pasional en cada una de sus personajes marginales.

Vivir en la ciudad de méxico y no leer su obra es tanto como no saber que existe el tianguis del chopo o que la plaza de mariachis está en garibaldi o bien creer que por las noches está ciudad está dormida sin vida nocturna.

Además hay otra razón por la que hay que leer a Armando Ramírez: lo divertido que es burlarse de lo grotesco.

Sin duda el barrio de Tepito ha dado mucho al foklore mexicano y además ha visto nacer a un buen escritor.

martes, 20 de octubre de 2015

Utilidad e inutilidad d la religión en la vida cotidiana.

Mis padres nunca se acercaron a la iglesia. Aunque mis abuelos eran más que creyentes -eran fanáticos- mis padres no heredaron  la costumbre de asistir a las misas religiosas, ni tuvieron ningún acercamiento con la fé; por ello se sorprendieron tanto el día en que yo comencé a asistir regularmente a eventos religiosos; mi padre se alarmó creyendo que su única hija con tan sólo 14 años quería ser religiosa; mi madre se sorprendió de mi voracidad por leer libros de santos; mi hermano se preocupó cuando le dije que tenía amistad con algunos sacerdotes y mis abuelos se llenaron de alegría por ser yo la primera nieta que se acercaba al catolicismo.

Después de cruzar casi toda mi adolescencia metida entre salmos, ritos y lecturas religiosas; había decidido estudiar teología y demostrar que Dios no era lo que pintaban en la iglesia. Admiré mucho a Ivone Gebara una teóloga muy reconocida en esos ámbitos.

Pronto me encontré con lecturas muy interesantes que me proporcionaba un amigo mío, un sacerdote oblato nacido en California. Una vez me dió un texto, - que perdí - donde se hablaba de la iglesia como santa y prostituta.

¡Cuánta razón tenía ese artículo! La iglesia se ha prostituido tanto como se ha santificado porque ha sido víctima y victimaria, ha destrozado y construido, etc.

Después de varias lecturas- muchas de ellas de Morris West- deseché mil mitos y ahora me río de quien los practica; por ejemplo, nunca me confieso, pues opto por contar mis triunfos a los amigos; así, la ayuda es sin cobrar, no estorban las culpas y no hay penitencias.

Cuando paso ante una imagen nunca me persigno; mucho menos al dormir. No doy dinero a la iglesia, pues descubrí que es eso lo que más tiene; los viernes de vigilia no tengo que preocuparme por comer carne. No voy a misa porque a veces los sacerdotes sólo dicen incoherencias y prefiero no perder mi tiempo.

Lo único que conservo de la iglesia es a ese buen amigo. Él es ami amigo, y aunque sé que la distancia es muy grande entre nosotros y que la vida se le está acabando; lo quiero como a un guía espiritual; más no religioso, porque espiritualidad y religión no son la misma cosa.

lunes, 12 de octubre de 2015

La abdicación y la diplomacia en la obra de Morris West

Cuando un diplomático dice , quiere decir "quizá" cuando dice quizá, quiere decir "no" y cuando dice no, no es un diplomático.

Este texto de Voltaire utilizado en la lingüistica para explicar la lengua como código, sirve a propósito para pensar en la obra de Morris West. En casi toda su literatura, este autor presume su inteligencia a través de su habilidad para manejar asuntos "delicados" de manera diplomática. Estos asuntos son tratados en los temas de sus obras y también en los personajes que en muchas ocasiones salen bien librados porque han sido buenos diplomáticos.

Más allá de que Morris sea un individuo dotado para la literatura, es su experiencia en la industria religiosa lo que ha ayudado a este autor a tocar temas escabrosos sin salir denostado; sin embargo, no es sólo haber sido religioso lo que convierte a West en un hábil juez de cualquier tipo de doctrina. La posición que lo coloca en un ser neutral debido a su amplio conocimiento de las leyes religiosas y mundanas es precisamente su abdicación.

Gracias a que Morris West es un desertor tenemos más de treinta obras que valen la pena ser leídas.

Un hombre que abdica debe ser escuchado ya que tendrá mucho que decirnos, pero no busquemos la causa de su deserción; eso no me parece interesante, no, en tanto que todo mundo buscaría una razón cuando es el conjunto de posibilidades lo que provoca una deserción.

La obra de West está permeada de diplomacia gracias a su conocimiento de la institución religiosa. Es este autor uno de los símboos más sofisticados de alta diplomacia y esta maestría logra conjugar todas las esferas que se utilizan para desentrañar los más enredados asuntos escabrosos.



Basta leer Los bufones de Dios para darnos cuenta de su gran sentido de las artes diplómaticas para esclarecer los artificios de poder que se juegan en el vaticano.


domingo, 4 de octubre de 2015

Morris West y la abdicación

Hace algunos años conocí a un sacerdote Jesuita cuyas características fundamentales - o al menos las que yo siempre recordaré- son: su absoluto ateísmo mezclado con un existencialismo incierto, su insomnio y su devastadora forma de devorar libros. Sus tres cualidades se combinaban tan estrechamente que su insomnio le convidaba leer ávidamente y en su profunda creencia sabía de memoria La nausea de Sartre, La peste de Camús, Cristo de nuevo crucificado de Kazantzakis y todo y digo todo es todo de Morris West.



Naturalmente yo admitía que un hobre tan culto como mi amigo profundizara en los grandes filósofos existencialistas pero...¿en un best seller? Leerlo para creerlo.

La verdad es que siempre he pensado que la vida no alcanza para leer lo verdaderamente importante; Proust incluso exhortaba a no perder el tiempo en los diarios.

Ahora bien, ¿un best seller? ¿Me tomaría la molestia de leerlo? Sí. Gracias a mi amigo sacerdote. 

Con escepticismo pero con mucha curiosidad comencé a leer a West: el verano del lobo rojo que me pareció un tratado existencial filosófico profundo. De ahí ya no paré de best seller en best seller y con ello conseguí leer gran parte de la obra de este autor que también abdicó, pero él a la orden de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, mejor así, su conocimiento profundo del ejercicio cristiano nos permite tener obras magistrales como Las sandalias del pescador, Eminencia, Los bufones de Dios, El abogado del diablo, El embajador. Así, que una obra sea un best seller no la hace mejor; evidentemente no todos los  éxitos taquilleros valen la pena de ser leídos. En definitiva hay cuantiosos best seller que no leería.

Ahora me pregunto por mi amigo, hace años que no sé nada de él; también abdicó de su ejercicio sacerdotal pero estoy segura que sigue devorando libros que le deja su insomnio y pensando que lo más lamentable es que todo es soportable.