martes, 20 de octubre de 2015

Utilidad e inutilidad d la religión en la vida cotidiana.

Mis padres nunca se acercaron a la iglesia. Aunque mis abuelos eran más que creyentes -eran fanáticos- mis padres no heredaron  la costumbre de asistir a las misas religiosas, ni tuvieron ningún acercamiento con la fé; por ello se sorprendieron tanto el día en que yo comencé a asistir regularmente a eventos religiosos; mi padre se alarmó creyendo que su única hija con tan sólo 14 años quería ser religiosa; mi madre se sorprendió de mi voracidad por leer libros de santos; mi hermano se preocupó cuando le dije que tenía amistad con algunos sacerdotes y mis abuelos se llenaron de alegría por ser yo la primera nieta que se acercaba al catolicismo.

Después de cruzar casi toda mi adolescencia metida entre salmos, ritos y lecturas religiosas; había decidido estudiar teología y demostrar que Dios no era lo que pintaban en la iglesia. Admiré mucho a Ivone Gebara una teóloga muy reconocida en esos ámbitos.

Pronto me encontré con lecturas muy interesantes que me proporcionaba un amigo mío, un sacerdote oblato nacido en California. Una vez me dió un texto, - que perdí - donde se hablaba de la iglesia como santa y prostituta.

¡Cuánta razón tenía ese artículo! La iglesia se ha prostituido tanto como se ha santificado porque ha sido víctima y victimaria, ha destrozado y construido, etc.

Después de varias lecturas- muchas de ellas de Morris West- deseché mil mitos y ahora me río de quien los practica; por ejemplo, nunca me confieso, pues opto por contar mis triunfos a los amigos; así, la ayuda es sin cobrar, no estorban las culpas y no hay penitencias.

Cuando paso ante una imagen nunca me persigno; mucho menos al dormir. No doy dinero a la iglesia, pues descubrí que es eso lo que más tiene; los viernes de vigilia no tengo que preocuparme por comer carne. No voy a misa porque a veces los sacerdotes sólo dicen incoherencias y prefiero no perder mi tiempo.

Lo único que conservo de la iglesia es a ese buen amigo. Él es ami amigo, y aunque sé que la distancia es muy grande entre nosotros y que la vida se le está acabando; lo quiero como a un guía espiritual; más no religioso, porque espiritualidad y religión no son la misma cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario