domingo, 2 de abril de 2023

Inaceptable


  31 de Mayo de 2016  


Hay cosas que no se pueden tolerar. O, en fin, que no tenemos más remedio que tolerar, pero que no nos pueden obligar a callar. En público o en privado. Peña, al que desde hoy le retiro el atributo de Presidente, nos debe una explicación. Amplia y convincente. Nos la debe a los 120 de aquí y a los otros 20 de allá. ¿Licenciado Peña, qué le dieron? ¿O con qué lo amenazaron? ¿O cuál, si existe, es alguna otra razón para que México abdique de forma tan vergonzosa de su autonomía?

El espacio aéreo es nuestro. Las aguas territoriales también. Titubeo. Ya no sé cómo y dónde encontrar lo que sea nuestro. Ni la lengua ni los tacos, en fin, ni los tacos de lengua. Pero ahora resulta, según usted, que tampoco nuestros presos son nuestros.

¿De qué se trata? ¿De qué se trató? ¿De qué clase de trato estamos hablando? ¿Qué le hizo empinarse y doblar las rodillas? ¿Qué obtuvimos a cambio? ¿Fueron ellos, los gringos, los que liberaron por dos ocasiones a Guzmán Loera? ¿Amenazaron con volverlo a liberar si usted no se los enviaba por DHL? ¿Fue por eso por lo que se le expidió a la cana del Paso del Norte? ¿Para que desde ya lo tuvieran bien cerquita y bajo control los “warden” y los “guards”, del otro lado y pudieran torturarlo e interrogarlo a placer?

¿Posee acaso El Chapo información delicada, licenciado Peña, de la que sólo ellos deben disponer? ¿Ello lo compromete a usted de alguna manera? Es ella una hipótesis de la que es difícil deshacerse. ¿Por qué diantres pues, un bandolero se habría convertido, más allá de la fortuna que posee, en una alhaja tan preciosa que ni siquiera el honor de México lo vale?

¿Qué va a decir El Chapo que ni El Güero Palma ni García Ábrego ni Arellano Félix ni La Barbie no hubieran dicho antes? ¿Tan grave está el asunto, aquí y allá? ¿Toda esa historia de la democracia y del poder del pueblo, vale entonces madres, licenciado?

¿Qué juego pues, estamos jugando? ¿O más precisamente, a qué juego está usted jugando? ¿A qué intereses está sometido? ¿Qué eslabones lo tienen atado?

No hay vuelta de hoja, ni manera de poner cara de “yo sólo pasaba por aquí”. Sé que hay chantajes y que hay presiones y amenazas. Nací antes que usted. Y aunque hayamos jugado en ocas diferentes, sé que a menudo no hay pa’ dónde hacerse, pero también sé que en circunstancias difíciles hay de dos: dar la cara o no darla. Y que ambas tienen consecuencias distintas. Pero hoy que nuestro país (tan suyo como mío) se encuentra en tal brete, no es necesario que le diga que el corolario también posee dos desenlaces posibles. Y que no se parecen.

Siempre he sido un simpatizante de los cuatreros y bandoleros. No lo he ocultado nunca. Desde niño le fui a Bonnie and Clyde y a Robin Hood. Pero no es ése ahora el punto. Lo que me solivianta es la prepotencia de Washington y el futuro de la vida de ese otro bandolero llamado El Chapo. Sin duda mi estancia y mi contaminación sinaloense tienen que ver con ello. Pero me rompe el alma imaginarlo en manos de esos pelos de trigo, sepultado en ese infierno medieval, de los que los pinches gringos tienen muchos, que se llama “El Alcatraz de las Rocallosas”. Dante en su mejor expresión. Poseen docenas, tal vez cientos, de ergástulas clandestinas en el mundo entero.

Prisiones encubiertas requieren de opacidad nunca expuesta mediante embrollos. Muros invisibles velan infamias, solapan atrocidades bajo excusas que urden enormidades, auténticas vejaciones execrables cometidas en sevicia, nunca obsequiadas sin encontrar quimeras ultramontanas extraídas de informes gravemente ominosos.

La justicia de Estados Unidos tiene una cualidad especial: la de no ser justicia: no es juicio, es prejuicio. En esos lares así funcionan las cosas. Tal cuestión no debería preocuparnos demasiado. Allá ellos y sus trastornos psíquicos. El problema es que, contrariamente a lo que se suele creer, la locura se transmite cual si virus fuera, y hoy hemos sido contaminados por una extraña disfunción que nos hace creer en lo que no es creíble. Los protestantes gringos están como una cabra. Y a nosotros ya nos están saliendo cuernos retorcidos.

Licenciado Peña, es precisa, desde el más alto ámbito institucional de nuestro país, una explicación, mínimamente creíble de por qué se propone usted extraditar a Joaquín Guzmán Loera, de la misma manera que debió haberlo hecho anteriormente con docenas de perseguidos. Lo exigimos desde nuestra soberana condición de ciudadanos. Los circunloquios no nos van a satisfacer. Supongo que ya lo sabe. Pero también supongo que no está de más recordárselo.

Somos un país soberano e independiente, que ha luchado mucho por conquistar tal condición. Y que somos muchos los que no estamos dispuestos, como si nada, a renunciar a ella.

Marcelino Perelló

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