miércoles, 3 de mayo de 2023

El Holandés Volador

 






  30 de Marzo de 2016  


Dicen que ya no hay que decir Holanda sino Países Bajos. Así dicen, pero yo digo que seguiré diciendo Holanda porque así me lo enseñaron en la escuela y la escuela es sagrada. Pero, además, porque aquellos que optan por la denominación moderna, y dizque precisa, se ven en problemas a la hora de referirse a los nacidos en aquel país. No se atreven a decir “paísesabajeños”, ni siquiera “abajeños” que queda menos contrahecho, pero con un cierto perfume vernáculo que no acaba de convenir a Rembrand, de manera que se ven obligados a ceder de todas maneras y a llamarlos holandeses.

En todo caso, Holanda ha sido siempre un país simpático. Probablemente el más simpático de los países. Simplemente porque adoran los tulipanes y detestan a los alemanes. Además, es la tierra de los zuecos de madera, de las tocas aladas de las chavas, como si fueran Hijas de la Caridad (que ciertamente no lo son), del libre consumo de mota, de los molinos de viento y de los laberínticos y ensoñadores canales de sus ciudades. Por si eso fuera poco, es además la primera patria de Johan Cruyff. La segunda fue Cataluña.

Cruyff se fue, se nos fue el jueves. Él, que todo lo driblaba, no pudo driblar a la muerte. La parca lleva faldones y eso lo hace todo más difícil. Johan fue de los pocos deportistas de élite que fumó toda la vida, desdeñando olímpicamente la histeria paranoica que se apoderó de los antitabaco del mundo desde hace dos decenios. No murió joven, pero tampoco demasiado viejo, y él mismo atribuyó el cáncer terminal que lo sacó de la cancha a su tan pernicioso como delicioso e irresistible hábito. Quién sabe. Nunca entendió que la única causa de muerte es la muerte misma.

Que el cigarro no es terapéutico es indiscutible, pero que el cigarro sea letal no lo es. Fumadores compulsivos e inveterados han sido notablemente longevos. El gran escritor gringo Kurt Vonnegut presentó una demanda contra la Phillip Morris, pues en sus cajetillas le aseguraba que quemando su tabaco se iba a morir y que él llevaba 70 años humeando como chacuaco y nomás no. Incumplimiento de contrato, amenazas e intimidación. Murió sin ganar su litigio a los 86 años. El enorme barítono Dietrich Fischer-Diskau se echaba dos cajetillas diarias de sus infaltables Pall Mall, entre aria y aria, y dejó de cantar y de respirar a los 87.

A nuestro Johan le sacaron la tarjeta roja antes, pero lo bailado, lo fumado y lo driblado no se lo quita nadie. De todos modos no se puede quejar. Entre otras cosas, porque los muertos no se quejan, pero además su vida fue plena, completa y pletórica. Una docena de años más o menos no hacen diferencia alguna. Supo vivir y supo morir. Ese es el secreto.

El alma de aquella Naranja Mecánica fue un futbolista inimitable. A su habilidad habría que añadirle la gracia, la elegancia y la audacia. Es un poco absurdo querer compararlo con otros grandes de la grama, pero fue incomparable. Para dicha nuestra, y vanidad suya, surge cuando ya existe el video, y usted y yo y millones más podemos deleitarnos con sus filigranas. Si en alguna ocasión desea usted, adusto lector, separar sus mandíbulas más de lo natural, mire a Cruyff. Sólo si es usted futbolero, claro. Lo dejará con la boca abierta y tendrá usted dificultades para volverla a cerrar.

Su carrera futbolística fue deslumbrante, de principio a fin. En el Ajax y en el Barça, por supuesto. Como jugador y como técnico. El balompié es otro después de él y nunca volverá a ser el mismo. Pero en este brevísimo e insuficiente homenaje quiero destacar aquí la manera en la que terminó su centelleante y prolongada carrera como futbolista.

Es común en muchas figuras el no saber rematar. El acabar mal. Dando lástimas por ahí. El final de la carrera de Cruyff fue la excepción. Inigualable. A los 35 años de edad quiso terminar su galopar por las canchas en el mismo equipo que lo vio nacer, el Ajax de Ámsterdam, pero la directiva consideró que ya estaba acabado y lo despachó. Fue entonces cuando, en un dribling más, se permitió un alarde impensable.

Él no hubiera nunca pensado en fichar para el Feyenoord de Rotterdam, el eterno e irreconciliable rival del Ajax. La insistencia del asesor Rik Vercauteren topó siempre con su negativa. Pero el rechazo del team de toda su vida funcionó como un desafío y reconsideró la oferta del belga. Los de Rotterdam no cejaban.

Para intentar obtener tratos redituables, Feyenoord aceptó recibirlo inmediatamente y Vercauteren intervino convenciéndolo ahora. Tuvo resultados inicialmente óptimos ganando encuentros notables, incluso arrastrando lesiones. Inesperadamente nuevas dificultades interpusieron serios obstáculos lastrando un buen liderazgo exigente.

Sin embargo, con el equipo a cuestas superó todos los escollos, llevando a sus antiguos rivales a ganar tanto la Liga como la Copa, ante un Ajax cabizbajo y avergonzado. No pudo haber un fin de fiesta más brillante. La traca final de una vida de fuegos de artificio.

Dicen por ai que Cruyff es el neerlandés más ilustre, luego de Van Gogh. Es sin duda una broma, pero una broma elocuente. Johan fue mucho más que un gran deportista. Recuerdo, emocionado, al jugador inconcebible. Pero memoria en llamas al gran antifascista, gran catalanista, gran indoblegable. A aquel inabastable Holandés Volador.


No hay comentarios:

Publicar un comentario