22 de Diciembre de 2015
En efecto, en la primera vuelta, celebrada el 6 de diciembre, el ultraderechista, manera elegante de decir “nazoide” (acuño el término en este preciso momento), Frente Nacional de mademoiselle Le Pen arrasó y se proclamó vencedor indiscutible. En la segunda vuelta, sin embargo, se desplomó y no ganó ni una de las trece regiones que ahora integran el estado Francés. Así es este juego. Sucio.
Anteayer, en el vecino Estado español, también se realizaron comicios, esta vez parlamentarios. Las elecciones allá son indirectas y es el Parlamento, las cortes, las que eligen al primer ministro, que allá llaman “Presidente del gobierno”. Al rey no lo elige nadie, excepto Franco y Dios, en ese orden.
Y también allí, aunque de otra manera pues no hay segunda vuelta, el travieso Marqués amenaza con hacer de las suyas. Para que entienda usted, astuto lector, el busilis ibérico déjeme hacer algunas precisiones indispensables que probablemente usted ya conoce, pero que si no explico no me quedaría yo tranquilo.
En México llamamos “nación” al conjunto del país y “Estado” a cada una de las entidades que lo conforman. Allá, con más precisión, es al revés. El país es el Estado y está integrado por cuatro naciones diferentes. En sentido estricto una nación es un pueblo con rasgos propios y bien establecidos que lo definen: historia, lengua, territorio, costumbres, etcétera.
Las cuatro naciones que conforman el Estado Español son, por orden de tamaño: España, Cataluña, Galicia y País Vasco. La dominante y que sojuzga a las otras tres, no es necesario decirlo, es España, que representa como el 70% del territorio, 60% de la población y 40% del PIB. La historia de cómo se llegó a esta situación es larga y compleja, Y no voy a entrar en eso ahora.
Lo indispensable para aproximarse a lo que ocurrió este domingo y explicar el comportamiento electoral es que, una vez que la gravísima crisis económica que aqueja al país parece dar signos, aunque tibios, de remitir, el intríngulis se centró en el vigoroso movimiento separatista catalán (ellos prefieren llamarlo independentista). La inminencia de la liberación de Cataluña los trae nerviosos a todos, catalanes incluidos.
Una vez entendido esto, la dinámica resulta sencilla. En España se votó contra Cataluña y en Cataluña contra España.
Los partidos estatales claramente españolistas (allá los llaman “unionistas”) son tres: el neofranquista Partido Popular, PP, en el poder; el descafeinado Partido Socialista, PSOE; y el recién formado Ciudadanos, C’s, de vocación feroz y meramente anticatalana. Los tres, claramente favoritos en las encuestas, en Cataluña se desplomaron y obtuvieron los peores resultados de su historia. De los 47 diputados en juego, el PP obtuvo cinco, el PSOE ocho y C’s cinco. Es decir, 18 en total. Mucho menos de la mitad de los sufragios, 38 por ciento.
El resto, 62%, fueron para los catalanistas. ERC y DL son radicalmente separatistas, que consiguieron 17 curules entre los dos.
El fenómeno nuevo fue En Comú Podem (En Común Podemos), ECP, aliado de la formación estatal Podemos, y que de hecho obtuvo el mayor número de escaños, 12. ECP se declara “soberanista, no necesariamente independentista, y aboga por la realización de un referéndum resolutivo y definitivo sobre la independencia. Referéndum hasta ahora prohibido por la Constitución y el gobierno españoles.
El notable ascenso de ECP, en comparación con las elecciones catalanas de hace apenas tres meses, se debe sin duda a la ilusión —ilusoria— de que a nivel estatal su matriz Podemos impida el triunfo del PP y la reelección de Rajoy. De hecho, prácticamente la mitad de los votos de Podemos provienen de sus filiales fuera de España, en el resto de los países catalanes (Valencia y Baleares, en el País Vasco y en Galicia, arrastrados por la misma intención de contener a los facho).
Sin embargo, tal propósito se frustró, pues España, a pesar del desastre que representa el actual gobierno, votó por sostenerlo, pues representa la única “garantía” más o menos fiable de mantener encadenada a Cataluña. El PP a pesar de haber perdido 60 escaños conserva casi 125, más de 30 por encima de la segunda fuerza, el PSOE, que se benefició también en España de su papel de carcelero segundo.
La esperpéntica paradoja está ahí: en las cortes, de 350 curules, el PP necesita el apoyo del PSOE para poder gobernar. Jejeje. No sería la primera vez que izquierda y derecha se unen en un fraternal abrazo para mantener el statu quo y sobre todo la sacrosanta “unidad de España”. Grande es al jardín del señor.
Partidos antagónicos se alían, teniendo opciones distintas o posiciones ambiguas sin aliento. Mezclando ideologías validan inconsistencias, quedando un espectro necesariamente obscuro tras ocultar diferencias ostensibles para aparentar ser equivalentes.
En cualquier caso, la voluntad y los anhelos de hombres y pueblos quedarán una vez más sepultados bajo el miasma de trácalas y componendas. El fantasma del Marqués recorre Europa.
Marcelino Perelló
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