20 de Octubre de 2015
China, en efecto, se ha convertido, desde que renunció a las cortapisas que el régimen socialista impone, en la segunda potencia económica del mundo, y tiene todos los visos de volverse la primera a corto plazo. Su ingreso al capitalismo ha sido estrepitoso y avasallador, utilizando todas las ventajas y atributos de los que la dotó el socialismo y de los que los otros países occidentales carecen.
Obviamente ni Rusia ni la propia China se han sumado al susodicho y maloliente acuerdo. Otros Estados de la costa oeste de América “todavía” no han firmado: Ecuador, Colombia y todos los de América Central. Tal como inicio estas líneas, el hecho de que México lo haya hecho me sorprende y desconcierta.
Ya he dicho, escrito y repetido, que estoy convencido que la campaña, de larga cola y altos vuelos, dirigida en contra del Gobierno de México y de su Presidente, está planeada e instrumentada por el gobierno de Washington. No voy a insistir en mis argumentos. Son sólidos y convincentes. De lo que carecía (¿carece?) mi conjetura, era el establecer los motivos de tan hostil como impetuosa embestida.
Los principales capítulos de dicha conjura ya los he revisado aquí. Conjura que plumas especialmente perspicaces, como la de Raúl Moreno Wonchee, no han dudado en calificar de golpista. Tales episodios se inician el mismísimo día de la toma de posesión presidencial con la algarada, con vocación de motín, que sacudió el centro de la Ciudad de México. Continuó con las movilizaciones agresivas de la CNTE en Michoacán, Guerrero y Oaxaca, y que culminan con la irrupción e instalación de la Sección 22 y sus consecuentes e infaustos atropellos y provocaciones, en la capital del país.
Luego siguió el enredo de las policías comunitarias y las autodefensas, especialmente cruento en Michoacán. Vino Tlatlaya y vino Iguala. Y Tanhuato. Siguió la “revelación” de la Casa Blanca de Las Lomas, la cancelación del tren bala a Querétaro, la abierta campaña contra la presidencia, encabezada aquí y en el extranjero por ciertos medios especialmente poderosos, y por algunas figuras políticas prominentes, entre las cuales destaca la del mismísimo Barack Obama, con sus estridentes declaraciones injerencistas e inaceptables. Los escándalos de las empresas Oceanografía y OHL no son ajenos. Y la evasión de El Chapo Guzmán, menos.
De todos ellos, la piedra angular, central y preponderante es sin duda el caso Ayotzinapa. Es el que sostiene la maquinación pero es también la clave para desentrañarla. En efecto, al margen de los múltiples e intrincados ires y venires, el hecho fundamental es que no se ha establecido públicamente ni el móvil del crimen ni, sobre todo, el móvil de la enigmática desaparición de las víctimas.
La única explicación coherente, la única que me convence, es la de que su propósito inicial consiste en hacer olas, el de segar la hierba bajo los pies del Presidente. Y el que los estudiantes, vivos o muertos, se hayan esfumado sólo tiene una explicación: mantener el caso abierto y el conflicto cruento. Es el Alka Seltzer que mantiene efervescente la situación.
Fue providencial la intervención del grupo de los forenses argentinos, al que los “familiares” de los desaparecidos llaman “compañeros” y que son los únicos a los que rinden cuentas. El grupo fue formado por ese oscuro personaje que es el estadunidense Clyde Snow, omnipresente en multitud de episodios turbios como Irak o Kosovo.
Sólo faltaba el grave desliz del gobierno mexicano que, en un gesto de debilidad injustificable, convoca a otro grupo de expertos independientes, esta vez de la CIDH, organismo de la OEA. Como si no supieran qué es y a quién representa la desvencijada organización, con una larguísima trayectoria al servicio de los más abyectos propósitos de los EU.
Sin duda, me dije, toda esta trama ha de tener que ver con las reformas constitucionales con cuyas iniciativas inaugura su mandato Peña Nieto. En primer lugar, supuse, la energética y la de telecomunicaciones. No obstante tal sospecha no parecía suficiente. Y no lo parecía porque no lo era.
Y no lo fue sino hasta que varios indicios me hicieron ver que se estaba produciendo un claro acercamiento del Estado mexicano a la China Popular. De confirmarse, la niebla se levanta. Es un dato definitivo que, en cierto sentido, aclara.
Por otro lado oscurece, dada esa paradójica unión regional obedeciendo las usuales jerarquías oficiales, mostrando inconsistencias nodales únicamente evitables venciendo obstáculos para impedir juicios adversos mal apuntalados.
Dichas jerarquías pondrían a Peña Nieto contra la pared y se habría visto obligado a cumplir con el compromiso adquirido por el calderonismo, hace más de tres años, y estampa su firma al pie del servil e ignominioso acuerdo.
Tal vez. Pero hasta la prueba contraria, la evidencia de la intromisión está ahí. El desconcierto y el desagrado también.
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