martes, 26 de diciembre de 2023

Blitzkrieg

  03 de Noviembre de 2015  


En principio, sólo en principio, nuestros compatriotas no tenían vela en ese entierro. Ni vela ni velo. O al menos eso creyeron ellos, pues, tal como se demostró, la acabaron teniendo, y de la manera más trágica posible.

Cuál no será el clima que reina en aquellas tierras, las arenas, de los antiguos faraones, que el ejército egipcio decide atacar un pequeño convoy de vehículos inermes que se desplazan inofensivamente por el desierto. Y atacar por tierra y aire (y por agua no, simplemente porque ahí no abunda), con armas mayores y saña inaudita.

Una de dos, o los milicos egipcios están presas de pánico y se les frunce ante el terror que puedan infundir los yijadistas y disparan a mansalva sobre todo lo que se mueve, o bien tienen órdenes lapidarias de sus comandantes: mátenlos y después virigüen.

En todo caso, es inconcebible e inadmisible. Como inadmisible es que el gobierno mexicano, más que pedir explicaciones y disculpas (por cierto, hasta donde yo sé, nunca ofrecidas), no haya denunciado de manera airada lo sucedido y haya retirado inmediatamente a su embajador en El Cairo. Mínimo.

Al margen de cualquier otra consideración, la bestial matanza demuestra a qué nivel están llegando las cosas en la zona, y en particular en Egipto. Como resultado, por supuesto, de la tan cacareada “primavera árabe”, perpetrada por los gringos hace tres años.

Este sábado un avión civil de la compañía rusa de chárters Metrojet (Kogalymavia), con más de 200 pasajeros a bordo, se desplomó en pleno desierto del Sinaí, a muy pocos kilómetros de la frontera con Israel. Se trataba de turistas que volvían a Leningrado después de sus vacaciones en las célebres -y baratas- playas de Sharm el-Sheikh, sobre el Mar Rojo.

El grupo islamista Wilayat Sina se proclamó autor del atentado en respuesta a los ataques rusos contra el Estado Islámico y los opositores a Bashar al-Assad en Siria. Sin embargo, en un principio las autoridades rusas, con premura incomprensible, atribuyeron el desastre a fallas técnicas y descartaron la hipótesis del atentado. Antes, incluso, de que hubieran recuperado las lúgubres cajas negras.

Varios indicios, no obstante, apuntaban hacia esta última posibilidad. La mitad de la aeronave siniestrada, cuyos restos se esparcieron en un área de veinte kilómetros cuadrados, aparece calcinada, mientras que la otra no, lo que podría sugerir la conjetura de una explosión, ya sea debida a un artefacto en el interior del fuselaje, o al ataque con un misil tierra-aire, con los que cuenta Wilayat Sina. Ora sí que habrían volado el avión.

Las compañías Air France y Lufthansa, por otra parte, no titubearon ni tantito en anunciar que suspendían ipso facto, sus vuelos sobre el Sinaí. No vaya a ser que ellas también sufran “fallas técnicas” en los míticos escenarios de los Diez Mandamientos.

Y por si faltaran elementos para la sospecha, el malhadado vuelo 7K9268 de Metrojet, inició su ruta sobre el Golfo de Aqaba para evitar al máximo sobrevolar la península, y sólo entró a ella,  en un previsto breve trayecto, para eludir el territorio israelí al este de la península.

Pocas aeronaves sobrevuelan oasis diseminados en los intrincados corredores adunados del oriente. Milicias insurgentes vagan incesantes, suben a las montañas ocultando nichos artillados, pertrechan otros núcleos guerrilleros al sur entre tribus rebeldes utilizándolas como hostigamiento alternativo.

Si para las desdichadas víctimas las cosas acabaron ahí, para los que seguimos en esta ribera de la laguna Estigia no. Resulta que tres días antes Barack Obama anunció, rompiendo de manera desvergonzada su compromiso público y solemne, que ordenaba el envío de tropas terrestres a Siria. “Son sólo 50 asesores”. Omitió decir que se trata de los “primeros” cincuenta.

La coincidencia no casual no puede ser más elocuente. Es la jugada de ajedrez en respuesta a la ofensiva rusa sobre sus mercenarios en el terreno. El flamante premio Nobel de la Paz no lo rumió demasiado. El tablero se calienta y la partida entra en fase crítica.

Dicen por ai que la inteligencia es la capacidad de asociar datos aparentemente inconexos. Según como se asocien, añado yo, también puede ser signo de burricie. En todo caso, puestos a asociar, no me parece descabellado suponer que, coordinado con el arribo de los “asesores”, el presunto ataque al avión estepario haya sido también obra de los ajedrecistas de Washington. (A través de sus aliados árabes o israelíes. En este caso es lo mismo). Un tate quieto difícil de pasar por alto.

Blitzkrieg.

Marcelino Perelló

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